martes, 4 de marzo de 2008

Sólo conseguiré volverme loco.

No recuerdo la última vez que llovió más de cien días seguidos en la ciudad, pero estoy a punto de olvidarme de lo que es un día de sol.

Si sigo así sólo conseguiré volverme loco.

Necesito escapar hacia algún lugar desierto, a casas de madera mirando al mar de ninguna parte, en medio de montañas verdes o rojas y con la única compañía del viento perpetuo.

Solos el cielo, el mar y mi casa de madera en el acantilado, para que si algún día se cae al vacío de tus ojos todos piensen que fue un error de cálculo al salir de la cama.

Ese día se levantó con el pie izquierdo -comentarán todos mientras ríen y fuman y beben cerveza hasta llorar alcohol.

Y el aroma de sal que lo absorbe todo y ser mecido como la hoja de un árbol en medio de cualquier tarde de otoño menos en esta.

Si sigo así sólo conseguiré volverme loco.

Se escucha una música que viene de algún sitio en el que siempre he estado pero que no consigo recordar y encima de la mesa los apuntes me miran acusadores.

Espero paciente el día en que pueda tropezarme con un guisante que me haga caer de bruces contra el mundo dejando al descubierto aquello que se enseña sin ver.

El amargo olor de las manzanas podridas inunda las cestas de caperucitas anónimas mientras acecho como un lobo sin dientes esperando recoger las migajas.

Miro mi reflejo en el espejo del mundo mientras mi alma absorbe todo lo que hay alrededor y ya me lo decía mi madre.

Si sigo así sólo conseguiré volverme loco.




La locura es subjetiva, pero si no cuela esto sólo es un ejercicio de escritura surrealista.

Foto: Cristóbal Palma. Casa Poli, ubicada en la Península de Coliumo, a 550 km al sur de Santiago de Chile.

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